sábado, 22 de julio de 2017
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“Los científicos debemos dar soluciones a México, no solamente publicar artículos”: Ariel Álvarez Morales

La Crónica

http://www.cronica.com.mx/notas/2016/962330.html

NUESTROS CIENTÍFICOS. El biotecnólogo Ariel Álvarez Morales habla sobre su trabajo con organismos genéticamente modificados, "productos que pueden resolver muchos problemas como mejorar producción del maíz o salvar especies de árboles de selvas tropicales que están muriendo devastados por algunas plagas, y de cómo decidió ser científico

¿Por qué razones Ariel Álvarez Morales decidió, en 1986, hacer sus maletas, empacar y mudarse con su familia desde Zurich, Suiza, hacia Irapuato, Guanajuato? Sus motivos se fundamentaban en una esperanza: en la región que era conocida como ‘el granero de México’, este investigador mexicano con grado de Doctor en Ciencias y especialidad en Genética Molecular, podría aplicar sus conocimientos para desarrollar especies de plantas mexicanas resistentes a plagas, sequías y otros problemas que aquejaban a la agricultura.

Así fue como Álvarez Morales dejó la ciudad europea localizada a 30 kilómetros de los Alpes y galardonada como el lugar con mayor calidad de vida del mundo, para emprender un camino, y convertirse en uno de los fundadores del primer departamento de Ingeniería Genética de América Latina, en la Unidad Irapuato del Centro de Investigación y Estudios Avanzados (Cinvestav). El horizonte era amplio, pero no imaginaba el científico mexicano que los productos de la biotecnología mexicana, conocidos como organismos genéticamente modificados o transgénicos, serían congelados o inmovilizados por una moratoria de diez años que el gobierno mexicano adoptó en 1998, por cuestionamientos políticos, no científicos.

Sin deseo de dar marcha atrás en su interés por comprender la biología a nivel microscópico y las posibilidades de la ingeniería genética, el doctor Ariel comenzó a andar otro camino, complejo y a veces sordo, pero necesario para el bienestar de todos: se convirtió en uno de los arquitectos del sistema de bioseguridad en México, que es el conjunto de normas, leyes, instituciones y laboratorios que deben garantizar a los ciudadanos mexicanos que cuando se autorice liberar y sembrar en el campo un transgénico, éste no represente problemas para la salud o el medio ambiente.

“Yo creo que en esos años el sistema nos jugó una mala pasada porque realmente desincentivó todo un sistema científico y tecnológico que estaba encaminado a resolver problemas agrícolas muy importantes para el país”, comenta a Crónica el investigador que entre 2007 y 2013 dejó los laboratorios y fue responsable de la Secretaría Ejecutiva de la CIBIOGEM a través de la cual se pudo establecer un marco regulatorio apropiado que permitió levantar la moratoria a los transgénicos.

“Cuando llegamos a Irapuato, en 1986, varios investigadores de Cinvestav  fundamos el primer Departamento de Ingeniería Genética en Latinoamérica, pero por una serie de problemas, que no son achacables a Cinvestav muchas cosas no pudieron cumplirse. Por ejemplo, en el 92, hicimos nuestras primeras pruebas de campo con papa transgénica. En ese momento la legislación no estaba terminada, había sólo una norma y más adelante se estableció la moratoria de diez años. En 2003 entró en vigor el protocolo de Cartagena y en 2005 se publicó la Ley de Bioseguridad de los Organismos Genéticamernte Modificados, la cual es bastante restrictiva y compleja lo que desalentó a todos los investigadores.

Durante los años de la moratoria todos nos pusimos a hacer ciencia básica, porque no íbamos a poder sacar productos”, narra antes de detallar que, después de terminar su periodo en la CIBIOGEM y al regresar al Cinvestav a retomar sus investigaciones vio que mucho del trabajo suyo y de sus colegas se había quedado encerrado en cajones.

LEGADO EN BIOSEGURIDAD. Ariel Álvarez recuerda que desde niño supo que la microbiología sería el camino de su vida, pues cuando tenía diez años y leyó el libro Cazadores de microbios, de Paul de Kruif, inmediatamente quiso ser microbiólogo, como los protagonistas de ese volumen. Después, en quinto de primaria, tuvo su primer microscopio y más adelante, ya como universitario, le apasionó comprender las interacciones entre las bacterias y las plantas, que ocurren durante el proceso de fijación de nitrógeno, por ejemplo, en la planta del frijol.

En la actualidad, este químico bacteriólogo y parasitólogo, egresado del Instituto Politécnico Nacional (IPN) y con estudios de posgrado en la Universidad de Sussex, Gran Bretaña, y en el Instituto Politécnico Federal Suizo, en Zurich, todavía realiza estudios sobre posibles modificaciones genéticas al frijol  para hacerlo resistente a plagas, sin embargo él mismo subraya que su trabajo actual se enfoca en ayudar a otros científicos, estudiantes y ciudadanos  a comprender las normas de bioseguridad y a ayudar a que la investigación científica incluya planeación que contemple a la bioseguridad en cada fase de trabajo.

“Hago mucho trabajo de educación y divulgación de bioseguridad, aunque ya selecciono los foros a los que acudo, porque antes iba a debates públicos con organizaciones como Greenpeace, que tienen argumentos políticos y no científicos, entonces terminaban siempre diciendo que yo recibía dinero de Monsanto y cosas así”, comenta el biotecnólogo que llegó a coordinar la Comisión Intersecretarial de Bioseguridad en Organismos Genéticamente Modificados (CIBIOGEM) que es la responsable de vigilar a los transgénicos, desde el gobierno federal.

En la actualidad, entre otras labores, está a cargo del proyecto con el cual se creará el primer Invernadero de Bioseguridad nivel 3 para realizar investigación de transgénicos de manera controlada.

“Ciertamente uno de los problemas más importantes con los transgénicos es la falta de información precisa y la confusión. Hay mucha argumentación política alrededor y no tiene nada que ver con la tecnología. Entonces hay que estar aclarando información continuamente

“Yo estoy convencido de que hay que hacer este trabajo porque los científicos tenemos la obligación de darle soluciones a México, no sólo de publicar artículos científicos o graduar estudiantes. Y los productos de la biotecnología pueden resolver muchos problemas, por ejemplo, no hablemos del caso del maíz, que es verdaderamente traumático, hablemos de nuestras especies de árboles que están en selvas tropicales y que están muriendo devastados por algunas plagas. Mejorarlos con técnicas tradicionales tomaría generaciones, y ahí la biotecnología es la mejor solución y es desesperante no poder avanzar”, indica.

Ariel Álvarez Morales
dice que, a pesar del freno, esta generación de investigadores dejará a México un robusto sistema de bioseguridad, con normas y laboratorios de vigilancia. Subraya que hay herramientas para asegurar que los productos biotecnológicos que se liberen sean inocuos, que van a servir a la sociedad, y por eso confía en que la lógica y el tiempo demostrarán que los biotecnólogos no trabajan para envenenar a la gente o a la diversidad biológica, como algunos grupos radicales insisten en argumentar.